El jueves vamos?

Llegò el jueves y todos se levantaron temprano, era el dìa de Machu Picchu, que cargaba consigo el 95% del viaje.
Se habìa desayunado y el llamado de “Topo Gordo” a reuniòn en la 101, causò extrañeza: habìa tren, pero irìamos parados.
No importaba habìa que salvar Machu Picchu y los incidentes de una promociòn anterior de Trilce, con peores problemas, calmò un poco la situación.
Tomamos el bus a Ollantaytambo, hora y media de viaje en donde apreciamos el carril del tren por el que debimos haber pasado; al llegar esperamos un buen rato el mencionado transporte, subimos en dos grupos y en vagones seguidos.
Iniciaba el trayecto por otra hora y media; luego de esto habìa que ubicar el lugar donde se almorzarìa, se llegò al mismo pero la idea era llegar primero a Machu Picchu apareciendo problemas uno tras otro: sòlo estarìa permitido el paso hasta las 5, no estaba pagado el tren de regreso, la guìa iba y venìa, se hablaba de una denuncia, las llamadas a Lima, Cusco no cesaban; eran las 2 y la caja municipal abrìa a las 3.
De repente la guìa apareciò como a las 4:30 pm, por decirlo menos, anunciando que no se irìa a Machu Picchu, pero que podìamos ir almorzando; las pifias fueron demoledoras, todos pedìan la cabeza del tal Arturo Àlvarez quien debiò organizar todo y por lo menos llegar al lugar; no lo hizo.
A pesar de todo fuimos a almorzar a un lugar de la zona al que se le atribuyò ser sucursal de “Tradiciones cusqueñas” por el tiempo en servir la comida, durante la espera se anunciò la estancia “por un dìa” para llegar a Machu Picchu, noticia que se aceptò irregularmente.
Sòlo quedaba encontrar dònde dormir terminando en un “hostal”; ahora los cuartos serìan de 6, apretados, evidentemente incòmodos nos quedamos.
La forma de divertirnos fueron las barajas de cartas que acompañaron los momentos angustiosos.
A las 5:45 am, fue el despertar del grupo para ir a desayunar, luego del cual subimos a un bus que nos dejò a una caminata de llegar a Machu Picchu.
Se realizò la misma, conocimos el monumento, el intiwatana, y otros lugares que realmente sorprendieron.
Regresamos al inicio del trayecto, esperando esta vez el bus de regreso; un calor difícilmente atribuido al Cusco causò un fastidio general, incrementàndose al saber que Ximena habìa vuelto a perderse.
El bus llegò y nos dejò en la ciudad en donde nos recogiò (Aguas Calientes), ahora sòlo quedaba almorzar e ir al tren, los primero se realizò, pero nuevamente el tren fallò, no habìan boletos.
Llegamos a la estación del tren pero no nos permitieron el ingreso, por lo que tuvimos que esperar en una pequeña plaza de la zona; las barajas reaparecieron y para matar el tiempo los hombres hicimos fuertes intentos por formar una pirámide.
La noche nos iba cercando, y con ella la posibilidad de quedarse otra noche en Aguas Calientes; un llamado de la mamà de Ato, hizo que volviéramos a la estación, màs tiempo de espera pasò.
“Salen mañana en la mañana”, fueron las palabras del encargado, ni las llamadas del ahora “Vizcacha Gorda” pudieron contra ellas.
La tensiòn reinaba, las baterìas de los celulares y los saldos se acababan; prestar celular, baterìas y hasta chips fueron acciones comunes con tal de llamar a la familia para hacer entender la situación que se estaba viviendo.
Con mayor furia se saliò de la estación, tendrìamos que quedarnos una noche màs y nadie, absolutamente nadie, querìa hacerlo en el hotel de la otra vez: a buscar otro.
Antes cenarìamos, pero encontrar un segundo hotel se hizo difícil, eran las 10 pm, por lo que la mayorìa estaban llenos. Ubicamos uno, en el que se hizo ingresar a las mujeres; Vizcacha fue a buscar otro y al conseguirlo, los hombres coincidieron en que era mejor que el elegido para las mujeres, ante tal situación 11 voluntarios aceptaron el cambio de hotel: Cumpa, Ato, Quinte, Ravichagua, Conza, Shaggy, Barquero, “Gato”, Enzo, Moncada y Pachas aceptarìan la misiòn.
Se llegò al hotel en donde por minutos estuvieron las mujeres, ingresando 8 de los 11 hombres, ya que los otros 3 volvieron a ofrecerse, esta vez para llevar a las chicas al hotel que se les ofrecìa, Ato, “Gato” y Pachas fueron dichos 3.
En ese orden fuimos: Ato adelante, Gato con ellas y yo atràs ante un posible ataque; por un momento sentì que alguien nos seguìa, dejè avanzar al grupo, y al voltear me di cuenta que era Ximena.
Ximena?, sì, se habìa quedado. Avanzò para acercarse al grupo que finalmente llegò al hotel.
Una vez màs volvimos al hotel en donde nos quedarìamos; la mañana siguiente y muy temprano ingresamos una vez màs a la estación, ràpidamente subimos al tren, esta vez sentados, parò en Ollantaytambo, en donde nos esperaba el bus hacia el Cusco, tres horas que tuvieron un buen final: regresamos al hotel.






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